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La Valldigna, un regalo para el alma y los sentidos

por Chelo Fernández
Publicado el 06 Abril 2018
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Hay días con soles que parecen nublados, por el contrario, hay soles que se nublan en el día más despejado. Sensaciones intensas que despiertan la sensibilidad para después aterrizar, desde el alma a los sentidos, y recordarnos qué es lo que de verdad nos hace vivir.

Ya lo ‘pintó’ Sorolla, maestro y genio en varias artes, para contar así al mundo las maravillas de una tierra tan luminosa como afable.

 

Esas sensaciones acuden a mí sin freno ni paracaídas cada vez que visito cierta comarca de mi adorado Mediterráneo, la Valldigna. Un hermoso valle rodeado por las sierras de Corbera y el  Mondúver, excepto en su parte este, por donde buscan fundirse en armoniosa comunión la tierra y el mar.  

Formada por las localidades de Bárig, Benifairó de la Valldigna, Simat de la Valldigna y Tavernes de la Valldigna (Tavernes para mí, lo siento, siempre con ‘v’ aunque con ‘b’ lo escriba el castellano), la Valldigna, es una gran desconocida para la mayoría de los visitantes que disfrutan sus días de periodo vacacional en las playas cercanas.

Pero os contaré un secreto…  ¡es mágica!, esconde muchas sorpresas entre sus municipios, montes y campos y, aunque suene a frase hecha, os aseguro que es todo un regalo para el conocimiento y los sentidos.

Testigos son del paso de varias civilizaciones por la zona el castillo de la Reina Mora, las cuevas del bolomor, la nevera de Barx, la torre de la Vall o los escudos del molló entre muchos otros.

El ‘mirador de la Valldigna’ debería ser parada obligada a todo visitante. Su espectacular vista panorámica de la zona costera desde Cullera al ‘Cabo de La Nao’ bien merecen un serenar la mirada y un despejar la mente, para concentrarnos sólo en aquello que la naturaleza ofrece a nuestros ojos.

El perfume de la Valldigna no podía ser otro que el que imprime la delicadeza y dulzura de la flor del azahar. Su frescura nos envolverá para recordarnos que su vientre puro nos regala cosecha tras cosecha como fruto un maravilloso manjar, la naranja.

Sus playas de fina arena acarician suavemente nuestra piel en los días templados y, ¡cómo no mencionar el Monasterio de Santa María de La Valldigna! uno de los referentes culturales e histórico del Reino de Valencia que, tras varias etapas, ha emprendido afortunadamente el camino para su mejora y conservación, consiguiendo en los últimos años escalar varios peldaños hacia la puesta en valor que merece.

Monasterio de Santa María La Valldigna (Simat)

Torre de La Vall (Tavernes)

La Valldigna, según cuenta la leyenda, toma su nombre de las palabras pronunciadas por el rey Jaime II de Aragón a su llegada al Monasterio de las Santas Cruces, en la localidad de Simat, hoy llamado Santa María de la Valldigna.

‘Vall digna per a un monestir de la vostra religió’ (1) – dijo el monarca.

‘Vall digna senyor, vall digna’(2)  – respodió el abad.

Y es que, donde uno encuentra el sosiego de su alma es allí donde el alma se encuentra en paz con la vida. Por ello, permítenos hacerte una recomendación: si quieres cultivar el bienestar de la esencia de tu propia existencia y regalar experiencias inolvidables a tus sentidos, ¡no lo dudes!, tienes que visitar la Valldigna.

(1) ‘Digno valle para tener un monasterio de vuestra religión’.

(2) ‘Digno valle señor, digno valle.

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